Un arranque más emotivo de lo que esperaba para abrir la segunda temporada. Desde el principio se siente la energía de los chicos, pero el episodio no va tanto por ahí: se apoya bastante en la nostalgia y en remover cosas de la primera parte. Me gustó que a Fū le reaparezca una amiga que la conoce de verdad, de esas que te leen sin que tengas que explicar nada. Lo que sí me dejó dándole vueltas fue la chica del cartel: tiene un aire raro, medio inquietante, y aunque no encaja del todo con el tono tranquilo, le mete un punto de misterio que no venía venir. Por lo demás sigue siendo ese slice of life pausado y acogedor, con la atmósfera de siempre que te hace sentir parte del pueblo. Se nota el salto de tiempo desde la S1, pero retoma justo donde lo dejó, con ese regusto agridulce que te deja algo melancólico. Si buscas algo cómodo y sin pretensiones, entra muy bien
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