Este sigue el ambiente del anterior y se siente fresco por estar ambientado en un lugar nuevo, fuera del pueblo natal de Fū. La aparición de Tomo le mete mucha vida al episodio: tiene una personalidad más explosiva y aventada que las demás, y contrasta bien con lo excéntrico del resto del elenco. Salen personajes nuevos y una locación nueva, y ver a las chicas explorar juntas se disfruta. Fū se pone emotiva y le entran unos flashbacks en una escena bastante cálida y bonita. Y sigue ese sello melancólico del show, esa nostalgia que te da conforme pasa el tiempo y recuerdas cosas de la infancia; aunque va dirigido a adolescentes, de adulto pega distinto, con ese sabor agridulce en los temas que toca. Será que Tomo se queda un rato en el grupo.
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