Este me gustó más que el primero. Fū por fin abre su propio Club de Fotografía, y esa decisión sola ya mete algo de conflicto y le da a la historia por dónde avanzar. Verlos recordar viejas anécdotas fue divertido, un episodio ligero y con humor: me sacó risa cuando Norie sale girando de fondo justo capturada en una foto, y el detalle de cuando abren la puerta al club de teatro. Me gusta que Fū tenga a sus amigas apoyándola de verdad, y la historia del padre sigue siendo el ancla emocional que le da peso a todo.
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