Para poder vivir en sociedad los humanos nos deshicimos de todos nuestros instintos naturales y lo que ahora creemos que son nuestros instintos en realidad son conductas que llevamos siglos perfeccionando.
Legoshi demuestra porque la sociedad y los instintos naturales son incompatibles en muchas maneras no solo físicas sino también psicológicas, pero lo más trágico y bello del asunto es que él sigue intentando.
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