¡Absoluto peak de la serie! Jotaro estuvo en modo dios sacándose unos movimientos completamente insanos y ejecutando una técnica que nadie antes había logrado, al punto de inmortalizarla con su propio apellido: el «Aragaki». Lo más emocionante fue ver a Minamino quebrado en llanto, revelando que jamás fue su hater, sino su mayor fan y el único gimnasta al que realmente admiraba. Aunque un desarrollo un poco más largo en el desenlace no hubiera venido mal, el cierre fue simplemente épico y a la altura de un verdadero samurai.




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