Pobre Arikoto, dio muchísima pena ver cómo tuvo que recibir al nuevo consorte y aparentar que todo estaba bien, reprimiendo sus propios sentimientos por completo. Sin embargo, su madurez es admirable a pesar de sufrir por dentro, jamás pierde su amabilidad. También es digno de admirar cómo Iemitsu ha madurado gracias a él y al amor que se tienen aunque deba cumplir con su doloroso rol para procrear, el vínculo entre ambos sigue siendo muy fuerte. Un episodio dinámico, impredecible y lleno de drama.
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