Este capítulo se sintió un poco más lento que los anteriores, en parte porque nos muestran más de la historia de Kasuga, un personaje tan despreciable que la verdad no me podría importar menos. Un episodio con un trago amargo gigantesco: da muchísima rabia e impotencia ver cómo ella vuelve a arruinar la paz de Iemitsu y Arikoto trayendo a un tercero solo por temas de sucesión. Que ese momento de amor genuino haya durado tan poco rompe el corazón.
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