Un cierre de arco con una tensión psicológicamente magistral. La forma en que Sakon utiliza a Ukon durante la sesión de espiritismo para acorralar a Oki y hacer que cometa el error fatal de mover el cadáver es brillante. Un choque entre superstición y lógica impecable que deja una resolución trágica pero impecablemente estructurada.
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