Todo lo preparado en el episodio anterior converge aquí en un capítulo caótico, con la trama del Septentrión y una infiltración a la base de Ronaldo ocurriendo casi en simultáneo. La ira de Hibiki se siente completamente justificada después de lo vivido en Osaka, y se nota que no ha tenido con quién desahogarla desde que se separó de sus amigos.


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